Hay una época en nuestra vida en la que todo lo que vemos
pensamos que está relacionado con nosotros, que nos pega, que parece que esos
relatos de los libros y las historias de las películas están basados
en nuestra vida. Que observamos un anuncio o escuchamos una canción y nos
imaginamos nuestro futuro. Un futuro con esas personas con las que nos gustaría
estar, o trabajar de algo en lo que nos vimos de pequeños. Fabricarnos un sueño
en un instante pensando que podría ser real.
Nos vemos reflejados en todas esas cosas porque queremos
crecer, porque estamos obligados a madurar y… ¿por qué no? ¿Por qué no puede
ser de esa manera? Con esa persona que siempre hemos amado, en esa ciudad en la
que siempre quisimos vivir, trabajando de lo que de verdad nos gusta o montando
una familia.
El día a día está lleno de momentos mágicos, esos en los que
merece la pena pararse a soñar, sobre todo en esa época. Cuando en nuestra
cabeza no ronda nada más que el mismo pensamiento. El de lanzarse y superarse.
Es la magia del cine, la música, la literatura… que nos ayuda a superar las
dificultades; riendo, cantando, llorando o haciendo lo que nos recuerda qué
futuro queremos para nosotros porque todas estas artes están hechas, al fin y
al cabo, por artistas, que también son personas y que sienten y ven que la
gente se puede reflejar en sus obras. Porque toda esa magia está para que todos
la disfrutemos. Para ayudarnos a SOÑAR.
Y a mí me pasa eso últimamente. Sueño. Veo una película y
quiero que mi futuro sea así, porque no dejo de pensar en ella y todo lo que no
haga a su lado, en el sueño, me resulta extraño. Escucho una canción y me siento reflejado en su letra. Todo por querer soñar en vez de vivirlo por mí mismo.
Soñar es bonito pero creo que a veces duele, por mucho arte que sea todo lo que
veamos, leamos o escuchemos.
pmsalinas 20-Febrero-2014